
Tiene a Francia en vilo, y al resto del mundo pendiente. Empujado por millones de votos, la seductora convicción de Sarkozy arrolló las debilitadas defensas sindicales y ahora se dispone a regenerar la estructura socio-política del país.
Desde el principio fue astuto dejando sitio a otros colores en su barco, y más aún lo ha sido con sus especiales vacaciones. El Almirante francés debe concentrar y aumentar su liderazgo, y necesita que todos le presten atención, para bien o para mal. Él tiene confianza en su capacidad de persuasión, y sabe que no podrá desplegar su plan si el pueblo no le escucha.